5 de octubre de 2011

CREEMOS QUE TODO HA MERECIDO LA PENA

Este año pasado ha sido un año bastante especial para el grupo de Sanlúcar. Nos daban, a principio de curso, la noticia de que participaríamos en la JMJ que este verano se celebraba en Madrid, y que además, tendríamos la posibilidad de hacer historia participando en el Primer Encuentro de la Familia Calasancia. ¡Qué gran honor!

Sin duda, participar en esos dos grandes eventos ha supuesto mucho para nosotros, pues ya llevábamos mucho tiempo con nuestros ojos puestos en ese esperado mes de agosto, y preparándonos a tope para ello. Venta de pulseras, “zambombá calasancia”, Jornadas lúdicas, acogida de la Cruz y del Icono de los jóvenes… Cada uno de estos actos era para nosotros una oportunidad más de seguir trabajando para esa meta en común que todos teníamos, y que sin duda creemos que ha unido bastante a nuestro grupo.

Fue una gran noticia enterarnos de que TODOS participaríamos en esa gran experiencia, cada uno según sus posibilidades. Algunos no podían estar los diez días completos del encuentro, pero sin duda cada uno pusimos lo mejor de nosotros, y se notaba a leguas que todos estábamos deseando ver lo que nos esperaba en Madrid. Las religiosas que se responsabilizaban de nosotros, no hacían más que repetirnos que una JMJ cambia la vida, y entre eso, y los agobios de pensar en la cantidad de gente y en el calor que pasaríamos, nos sentíamos a veces con un poco de miedo. Pero fuimos valientes, dejando atrás todos esos miedos, porque realmente nos sentíamos llamados a vivirlo. Pensábamos que sería grande, y realmente, lo fue.

¿Cómo podemos describir esos días compartidos? No es fácil, pero resuena fuerte en nosotros la palabra FAMILIA. Estábamos muy acostumbrados a compartir con la gente de Andalucía, nos sonaban muchas caras de gente del resto de España, pero… se escapaba un poco de nuestros ojos y de nuestros pensamientos el cómo vivirían nuestro mismo carisma personas de otros países desconocidos para nosotros. Alguien hasta preguntaba si el P.Faustino de Chile era como el nuestro, así calvito, con gafas…

Y tras esos días, hemos descubierto que realmente, aunque existen diferencias, hay muchas cosas que nos unen también a esas personas de las que tan lejos vivimos. Y lo principal, repetimos, es eso, que somos una verdadera FAMILIA, con muchas cosas en común, y eso quedó de manifiesto la noche del Festival de las Culturas.

Los días del Encuentro Calasancio fueron sin duda especiales, “muy nuestros”, y en los que todos vibrábamos y tratábamos de dar respuesta a todo eso que Dios soñó para nosotros, y que el P.Faustino puso aún más cerca de nuestras manos y de nuestros ojos.

Los días de la JMJ, ya cambiamos la rutina. Nos uníamos a mucha gente más, de otros países, de otras lenguas, todo estaba masificado… Pero sabíamos que aún así, algo nos unía también a todas esas personas que nos estrujaban y casi ni nos dejaban respirar en algunos momentos. Muchos de nosotros en algunas circunstancias nos planteábamos porqué habíamos ido, qué hacíamos allí…pero a día de hoy creemos que todo ha merecido la pena, y que es normal que nos hayamos sentido agobiados algunas veces. Nos emocionaba ver las mareas de gente para acudir a cuatro vientos, por ejemplo. Y fue precioso ver cómo la gente que no participaba en el encuentro, también trataba de poner su granito de arena, refrescándonos desde sus balcones. Barreños, mangueras, regaderas… fueron haciéndonos más sencillo el camino, y recordándonos que no todo eran manifestaciones antiJMJ.

Y bueno, en definitiva, el unirnos desde este sentimiento de familia, al acontecimiento del que como iglesia VIVA participábamos, ha significado mucho para nosotros. Ver como aún “los jóvenes vibramos y sentimos las cosas desde dentro” a pesar de las prisas que nos rodean; y que somos capaces de “callar” ante la presencia del amor de Dios… hizo que realmente sintiéramos que algo en nuestras vidas cambiaba, como nos habían dicho.

Y principalmente, ya nunca más podremos decir que estamos solos en este mundo, y que no vale la pena seguir trabajando juntos por ese sueño de un mundo mejor. Es importante, además, que sigamos siendo testigos de ello para todas aquellas personas cercanas que no han asistido a estos encuentros, y que seamos capaces de inculcarles y hacerles partícipes todo lo que en estos días hemos descubierto.

Gracias de corazón, al Instituto Calasancio, y a todas las personas con las que hemos compartido esta experiencia tan gratificante en nuestras vidas.

2 comentarios:

desde Argentina dijo...

Gracias sanluqueños a ustedes, por el "toque" de alegría que siempre brindan y por el testimonio de sus vidas entregadas generosamente a la "misión calasancia". Y gracias por la acogida que nos hicieron en su tierra, ¡esperamos volver algún día!

Noemí SP dijo...

Pedazo testimonio comunitario sanluqueños ;) Fue un placer compartir con TODOS vosotros, en mayor o menor medida, la experiencia.